3 hábitos del pasado que nos sirven para ser personas más sanas

Foto por Andrea Hernández

Foto por Andrea Hernández

Por Erika Simone 

La esclavitud legal. La imposibilidad de estudiar (para la mayoría de las personas). La falta de medicina. Hay muchas cosas que se quedaron en el pasado y ¡es mejor así! Pero, junto con la igualdad de oportunidades y los grandes avances en la medicina, también ha aumentado, especialmente en las últimas dos generaciones, una sensación de ajetreo que no existía antes. Y como consecuencia, muchísimos casos de ansiedad y otros problemas mentales.  

Hay tres cosas que abundaban en el pasado que creo que necesitamos rescatar para mejorar nuestra salud mental y ayudarnos a evitar la carrera de locos que nos rodea. Estas tres cosas no solo abundaban, sino que eran cosas cotidianas que nadie creía extraordinarias, y quizás por eso, los hemos olvidado, así incurriendo en consecuencias graves. 

La soledad ya no existe.  

No porque nunca estamos solos, sino porque cuando estamos solos buscamos un escape: la comunicación virtual. Esperando al Uber, en la fila del banco o aún en el baño, tenemos a la mano Instagram, Snapchat o WhatsApp. Es cierto que las aplicaciones del celular son adictivas, pero aún los que procuramos reemplazar el celular con un libro, (lo que es un esfuerzo recomendable) tenemos el mismo problema: estamos absorbiendo información constantemente, entra la voz de alguien más en nuestra consciencia. La consecuencia: el nunca estar realmente solos, no nos permite descansar, ni tomar tiempo para procesar toda la información que hemos recibido. 

No estamos en silencio.  

La falta del silencio está relacionado con la falta de soledad, pero es un asunto aparte. Porque cuando no estamos leyendo o viendo fotos, ¡podemos escuchar música! Y la música puede ser preciosa para el alma, pero nuestros cuerpos y nuestras mentes necesitan tiempo para descansar, para no recibir nada. Y si evitamos la soledad porque es incómodo, ¡el silencio es peor! El silencio permite que nuestros pensamientos salgan en primer plano y después de tanto tiempo sin reconocerlos, es incómodo o quizás hasta cause más ansiedad. Pero es un proceso que duele al principio por la falta de atención. Con el tiempo, si comenzamos a incluir el silencio como parte de nuestro día, veremos que estaremos más en paz con nuestros pensamientos y aún más, el silencio estimula creatividad inesperada (la mente aburrida es una mente creativa). 

¿Y qué hacer en estos momentos de soledad y silencio cuando ya nadie más contribuye a lo que está en mi mente?  

¡Escribir! 

La mayoría de las personas dicen que no son escritores y por lo tanto la escritura no forma parte de sus vidas. Pero, hace unas generaciones, escribir era parte de la vida diaria de todos los que sabían hacerlo. Escribían cartas o escribían en sus diarios, cualquiera de las dos formas era una manera de poner en palabras explícitas lo que pensaban y sentían. Si la soledad y el silencio son necesarios para dejar salir a la luz nuestros pensamientos y procesar todo lo que nos sucede, escribirlo es necesario para reconocer el impacto que esto ha tenido sobre nosotros.  

Entonces, ¿cómo rescatar estos tres hábitos del pasado e incorporarlos en nuestra vida moderna para nuestra salud?  

¡Por algo existe la función de Silencio en el celular! De hecho, sería bueno elegir una hora del día cuando estarás solo y apagar el celular durante ese tiempo.  

Con “solo” me refiero a que nadie estará hablando contigo, puedes estar en un parque en donde hay otra gente, o aún en el camión, si no va nadie contigo.  

Nada de celular, ningún libro ni revista, para que nadie, ni un noticiero, tenga la oportunidad de ser parte de tus pensamientos.  

El silencio es un poco más exigente.  

Busca unos minutos, quizás al inicio o al final del día para estar en silencio.  

Nada de música. Nada de radio en el fondo. De hecho, quizás necesites un poco de ruido blanco, un ventilador por ejemplo, para opacar todo lo demás. No necesitas pensar en nada en particular. Probablemente tus pensamientos se vayan a los sucesos del día, a ciertas personas que viste o a alguien con quien quieres platicar. ¡Qué bueno! Tu mente está procesando. Y ¿quién sabe? ¡Quizás de allí salga una idea increíble para ese proyecto en el que estabas atorado! 

Escribir no necesita ser diario. Pero, sí necesitas hacerlo. Puede ser en una libreta elegante como el Moleskine o en un cuaderno viejo de la primaria. Pero, es un lugar en el que puedes apuntar los pensamientos más importantes que has tenido. Quizás metas para el mes, esa idea que transformó tu proyecto, un versículo de la Biblia que te gustó con los pensamientos que te provocó y claro, lo que sucedió ese día, o esa semana. 

 Escribir es poner en palabras lo que está sucediendo en tu mente y muchas veces lo aclara y te conoces mejor después de haber escrito.  

La soledad.

El silencio.

El escribir. 

Son joyas perdidas de previas generaciones. Son hábitos que nos pueden ayudar hoy a ser personas más sanas, más pensativas y menos ajetreadas.

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